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PALABRAS DE LA BACHILLER ESTHER MONTERO DÍAZ
EN REPRESENTACIÓN DE LOS GRADUANDOS

"y sabemos que los que aman a Dios,todas las cosas les son para bien.

En representación de mis compañeros graduandos quiero iniciar mi intervención en este solemne acto agradeciendo primeramente a Dios, pues de El proceden y subsisten todas las cosas, entre ellas el gran logro que obtenemos hoy.

Hoy culmina una etapa más en el proceso que iniciamos hace poco más de diez años con las loncheras en manos portando las distintivas franelitas rojas en nuestro preescolar. Despidiéndonos de allí cambiamos a la camisa blanca que nos distinguía como cursante de la segunda etapa de la educación básica. Entre travesuras y emociones, casi sin darnos cuenta, nos iniciamos en la tercera etapa, que muchos de los que hoy ostentamos este título de bachiller compartimos juntos con la camisa azul en este mismo recinto. Un poquito después comenzábamos con nuestra camisa beige - nuestra media diversificada.

Recuerdo con orgullo cuando llegamos al turno de la mañana y entre emociones y nervios, oímos entre otras cosas, aquella frase de "bienvenido a la casa grande". Y aquí estamos en esta casa grande que nos ha cobijado a unos por dos años, por tres, por más, por menos. Hoy dejamos estos pasillos impregnados de nuestras alegrías, nuestras tristezas, nuestras impotencias, nuestros desaciertos momentáneos. Dejamos nuestras huellas que, ojalá sean el estímulo y ejemplo dignos de imitar.

Muchachos, este título sólo nos abre las puertas para dar inicio a nuestra educación superior. No nos quedemos con esto. Seamos inconformes. Sigamos adelante, luchemos. y hoy, mas que nunca, cuando el momento lo exige. Hoy cuando se habla de una "revolución", demos lo mejor de nosotros mismos a nuestra familia, a nuestros amigos, a nuestro país, a todo el que lo demande de nosotros.

Hagámoslo todo con amor, con entusiasmo, con seriedad, con honestidad, con responsabilidad, con deseos de superarnos y con el genuino interés sobre los problemas de mayor trascendencia en nuestro tiempo y en todos los tiempos. Alimentados estos deseos, estoy segura, que corregiremos nuestras deficiencias, acrecentaremos nuestras aptitudes y obtendremos los mejores resultados en la labor que nos dediquemos, que es el objetivo de la vida y el reto que todos debemos proponernos.

Motivémonos con las memorias del epónimo que honra nuestra promoción, el Generalísimo Francisco de Miranda. Miranda no pasaba inadvertido jamás. Su olfato por la aventura lo mezcló o comprometió con las dos revoluciones de fines del siglo XVIII - la francesa y la norteamericana.

La revolución francesa lo atrajo desde el primer momento, a ella se dio sin reservas y su nombre figura hoy en el arco de triunfo. Francisco de Miranda es el único criollo latinoamericano que goza del privilegio de alternar en uno de los olimpos más escogidos del planeta con héroes y mártires de Europa. Su panteón es una presea de su internacionalismo, de esa condición de ciudadano del mundo que él luciera a lo largo de su vida. Francisco de Miranda es el primer ciudadano del mundo que vio la luz en nuestras tierras americanas, de lo cual debemos llenarnos de orgullo.

Hay algo que siempre he tenido presente y quiero compartirlo con todos ustedes. no basta con hacerlo bien, lo que importa es que sea el mejor. En la vida de un ser humano para lograr la excelencia, en gran parte cuenta la iniciativa, hacer lo que hay que hacer, en el momento preciso.

Nosotros hemos nacido con potencial necesario para hacer de nuestra vida, una vida excelente. Muchachos ¿por qué no lograrlo? Nuestro futuro depende de nosotros mismos. Es nuestra decisión, es nuestra vida. echemos adelante, no nos defraudemos a nosotros mismos, ni a los que confían en nosotros.

También quisiera honrar con mis palabras a quienes en mucho han cristalizado este logro nuestro de hoy. Ellos son nuestros queridos maestros y profesores desde las tres etapas de la escuela básica hasta esta que culminamos hoy. Quizás se encuentre aquí una representación de nuestros queridos maestros, aquellos que nos iniciaron en nuestra vida escolar, a ustedes les estamos eternamente agradecidos. Y también a ustedes, profesores de la escuela básica, que nos abrieron el camino hacia esta casa grande. Gracias por lo mucho que les corresponde. Y a ustedes, nuestros queridos profesores trinocelistas, algunos ausentes hoy. ¿Cómo podremos olvidar esos días de carrera, trasnochos, trabajos, tareas, talleres y convivencias? ¿De esa protección casi maternal, de llamados de atención, de acertados consejos y advertencias que a veces no supimos apreciar?

De seguro, los recordaremos con nostalgia. señoras secretarias, gracias mil por lo que a ustedes les corresponde y a ustedes también señores obreros, les estamos muy agradecidos, así como a la señora María y a las muchachas que muy bien nos supieron soportar.

Vivimos todos, en un pasado cercano, momentos tormentosos que parecían presagiar aciagos días futuros, pero, se hizo bonanza, y actos como este, en donde se renueva el optimismo, no dejan lugar al desanimo, sino que por el contrario, demuestran la espléndida capacidad de esta "casa grande" para empinarse por encima de pasajeras adversidades para empinarse por encima de pasajeras adversidades.

Queridos padres, nuestro triunfo es su triunfo, hoy, cuando dejamos esta casa grande para dar pasa a otros, ustedes continúan con nosotros alentándonos y apoyándonos incondicionalmente por el camino que tenemos por delante. Que Dios sea nuestro guía.

Y para terminar, quiero decir: gracias

Muchos días de mi vida viví esperando este momento, y este momento llegó hoy. alguien me dijo que no llorara, pero, ¿Cómo no hacerlo?

Sólo me queda decir gracias, gracias a Dios. Sin el, la fe no me hubiese proporcionado la energía suficiente para afontar apremios y vencerlos con la fuerza del espíritu.

Gracias a la vida, que me hizo concebir que los días aciagos formaban parte de mi existencia y como tales, tenia que vivirlos.

Gracias a todos a quienes este día también es alegría. Gracias a los que me dieron el ser, a mi papa, a mi mamá, a mis parientes, quienes con su actitud positiva me ensañaron que se debe ser impetuoso para lograr lo que se anhela. Sin su incondicional apoyo este día no sería tal.

Gracias, compañeros, pues con su aliento irreconciliable vieron mis logros como suyos y con sincera humildad pudieron emitir frases de aliento.

Gracias a este casa de estudios, que me albergó y a todos los que laboran en ella, quienes me hicieron poseedora de bienes invalorables e intangibles.

Gracias a todos, sin la conjugación de todos ustedes, este logro nuestro, simplemente, no existiría.

Muchas gracias.